Antes de convertirse en un animal de acuario y luego en
animal de laboratorio (utilizado en embriología experimental, por ejemplo), el
Axolotl constituyó un enigma. Procedente de México (Lago Xochimilco), el
Axolotl llevó numerosos nombres científicos, entre ellos Siredon
mexicanum o Siredon pisciformis. Era
conocido por su facultad de reproducirse sin haber perdido las branquias y fue
clasificado entre los anfibios Perennibranquios (junto con el Proteo de las
grutas de Istria y el Siren). Pero ya en 1800 Shaw y luego Cuvier, insistieron
sobre su semejanza con las larvas de salamandra y en 1825, Latréille lo
introdujo en la familia de las salamandras. Los primeros ejemplares vivos fueron
enviados a Francia por el Cuerpo Expedicionario (cuya misión era instalar al
emperador Maximiliano en el trono de México) y se reprodujeron en 1865 en el
Museo Nacional de Historia Natural. La controversia pareció solucionarse
definitivamente: El Axolotl no era una larva pues se reproduce en el agua sin
perder sus branquias. Pero dos años más tarde el problema volvió a ser
examinado cuando Dumeril (1867) observó que varios de sus axolotls se
metamorfoseaban (pérdida de las branquias, regresión de la aleta caudal,
transformación de los ojos y aparición de párpados) en una salamandra
parecida a la conocida con el nombre de Ambystoma (o Amblístoma tigrinum. muy
común en América del Norte). Este modo de reproducción, por una larva, llamada
neotenia por Kollmann (1884). fue señalado, por otro lado, en numerosos
anfibios y especialmente en los tritones nativos de Europa, en los cuales sólo
se produce accidentalmente este fenómeno.
A principios del siglo XX se inició el estudio más
profundizado de los mecanismos hormonales y se descubrió la importancia de la
acción de la tiroxina en la metamorfosis de los anfibios; es suficiente añadir
tiroxina, hormona de la tiroides en cantidad infinitesimal al agua del acuario o
bien alimentar a las larvas con fragmentos de tiroides, para provocar una
metamorfosis anticipada (los animales resultantes no son en general muy viables,
si se actúa sobre larvas demasiado jóvenes). Por el contrario en los tritones
neoténicos se ha podido observar la atrofia de tiroides (Hirsch, 1929; Kuhn,
1925). En el Axolotl la tiroides se halla presente, pero con desarrollo
insuficiente. por lo que su secreción no basta para dar lugar al proceso de la
metamorfosis.
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